Pero el verdadero legado de aquel campeonato va mucho más allá de un monoplaza o de un trofeo.
En 1986, el FW11, impulsado por el motor Honda RA166E, un V6 biturbo de 1,5 litros, dominó la temporada con nueve victorias en dieciséis Grandes Premios y otorgó a Honda su primer Campeonato del Mundo de Constructores. Aquella victoria confirmó el extraordinario potencial de la ingeniería de Honda y demostró que el éxito era el resultado de años de desarrollo, colaboración y búsqueda constante de la excelencia.
