Septiembre 17, 2026

Cinco carreteras, cinco Honda y un otoño para disfrutar al volante

Mundo Honda

Bosques que cambian de color, viñedos después de la vendimia, carreteras entre montañas y pueblos que invitan a detenerse. El otoño transforma algunos de los paisajes más espectaculares de España y ofrece una buena excusa para volver a disfrutar del viaje por carretera. Elegimos cinco destinos y, para cada uno, un modelo Honda de la gama actual especialmente adecuado para descubrirlo.

Selva de Irati, Navarra, con el Honda HR-V

Hay pocos lugares donde el otoño resulte tan evidente como en la Selva de Irati. Hayas y abetos cubren buena parte de este rincón del Pirineo navarro y, con la llegada del frío, el paisaje se llena de ocres, amarillos y rojizos. Ochagavía es un magnífico punto de partida para acercarse a Irati y combinar carretera con alguno de los senderos que recorren el bosque. Para este viaje elegimos el Honda HR-V. Sus dimensiones contenidas resultan especialmente apropiadas para carreteras secundarias y pequeños núcleos rurales, mientras que su posición de conducción elevada facilita la visibilidad. Su sistema híbrido autorrecargable completa una propuesta especialmente versátil para una escapada de otoño.

Ribeira Sacra, Galicia, con el Honda CR V

Entre las provincias de Lugo y Ourense, los ríos Miño y Sil han excavado un paisaje de cañones, bosques, monasterios y viñedos cultivados sobre pendientes imposibles. La ruta entre Chantada y la zona del cañón del Sil permite enlazar lugares como Belesar, Os Peares, Parada de Sil o Doade y detenerse en algunos de sus numerosos miradores. Es territorio para viajar sin prisas y el Honda CR-V encaja especialmente bien en esa filosofía. Espacio, confort y hasta 1.710 litros de capacidad de maletero con los asientos abatidos lo convierten en una opción adecuada para una escapada larga o un viaje en familia.

Valle del Jerte, Extremadura, con el Honda Crosstar

El Jerte no es solo primavera. Entre octubre y diciembre, cerezos, castaños y robles cambian el blanco de la floración por una sucesión de amarillos, ocres y rojos. Una buena propuesta es recorrer el valle desde Tornavacas y desviarse hacia Piornal para continuar por la carretera paisajística que comunica esta localidad con Garganta la Olla. Aquí el compañero puede ser el Honda Crosstar. Compacto y ágil, pero con una configuración de inspiración SUV y barras de techo, se adapta bien a una escapada que combine carretera, pueblos y actividades al aire libre. Además, su tecnología Full Hybrid no requiere conexión a una toma de carga.

Montseny, Cataluña, con el Honda Civic

A poco más de una hora de Barcelona, el Montseny ofrece uno de los grandes paisajes otoñales del Mediterráneo. Las carreteras que comunican Sant Celoni, Santa Fe del Montseny y Viladrau atraviesan un territorio donde encinares, robledales, hayedos y castaños van cambiando con la altitud. Las curvas y los continuos cambios de ritmo hacen del Honda Civic una elección especialmente atractiva. Su planteamiento dinámico, su bajo centro de gravedad y los 184 CV de su sistema híbrido permiten disfrutar de una ruta en la que la propia carretera forma parte del viaje.

Sierra de Grazalema y pueblos blancos, Cádiz, con el Honda ZR-V

De Zahara de la Sierra a Grazalema, y desde allí hacia Ubrique, la carretera atraviesa uno de los paisajes de montaña más sorprendentes de Andalucía. El recorrido combina embalses, bosques, paredes rocosas, puertos de montaña y algunos de los pueblos blancos más conocidos de Cádiz. Para una carretera repleta de curvas elegimos el Honda ZR-V. Honda lo define como su SUV híbrido de carácter más deportivo, una combinación que cobra sentido en un itinerario de montaña. A ello suma la posición y versatilidad propias de un SUV, con espacio para cinco ocupantes y hasta 1.322 litros de capacidad de carga con los asientos abatidos.

El otoño empieza en la carretera

Cinco paisajes muy distintos y cinco maneras de viajar. Porque una escapada otoñal no tiene por qué tener como único objetivo llegar a un destino. A veces basta con escoger la ruta adecuada, detenerse cuando el paisaje lo merece y volver a descubrir el placer de conducir.